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Villarroya de los Pinares es una localidad de la provincia de Teruel, a 61 kilómetros de la capital, con una altitud de 1.337 metros sobre el nivel del mar y unos 250 habitantes. Se encuentra situada al norte de la Sierra de Gúdar, donde la provincia de Teruel muestra sus cotas más altas y donde nace el río Gudalope, cuyo tamaño se acrecentará a su paso por la comarca del Bajo Aragón.
Los roquedales quedan semiocultos por el verdinegro de los pinares que dan apellido a Villarroya. Villa porque gozó de los privilegios de Jaime I y roya por la roja arcilla que caracteriza el paisaje impresionante, agreste, de auténtica alta montaña. La cota más alta del pueblo está a 1.800 metros. Cerca se hallan las pistas de esquí de la Sierra de Gúdar, con la altura máxima de 2.024 metros.

Para llegar al origen de la villa es preciso remontarse al tiempo de los íberos. Los árabes dejaron en el lugar parte de su historia y su cultura. Los Bene Razim tenían allí su límite, la raya divisoria de su poderío. Después serían famosas las incursiones de Ludovico Pío. Alfonso II reconquistó Villarroya de los Pinares, para luego ceder la pertenencia de esta conquista a la orden de San Juan de Jerusalén.
El caso urbano de Villarroya de los Pinares data de finales del siglo XVI y principios del XVII. Quedan vestigios del antiguo castillo. Llama poderosamente la atención la torre de la iglesia parroquial de la Asunción separada totalmente del edificio del templo. En realidad se trata de una torre homenaje de Jaime I. Los grandes portalones de las casas se ven coronados de escudos antiguos e inscripciones. Existen numerosos edificios nobles, con sus arcos y su porche y la casa Peña. Esta última, donde nació el cardenal Francisco de Peña, tiene tantas puertas y ventanas como días del año.
El nombre de Villarroya de los Pinares va unido, necesariamente, al del cardenal Peña, nacido en 1.540 y muerto en Roma en agosto de 1.612. Fue auditor de la Santa Rota para la Corona de Aragón, patricio y senador romano, prior de San Bartolomé de Calasanz y capellán de Su Santidad. Escribió veintiún libros.
Francisco de la Peña no olvidó en ningún momento su pueblo natal. Dispuso que, a su muerte, trajeran su cadáver para ser enterrado en la iglesia parroquial. En vida, reedificó la iglesia, de origen gótico y quiso convertirla en catedral, fundando además cuatro capellanías.
Dos veces al año celebra fiestas Villarroya de los Pinares: el 16 de julio, en honor de San Benón, cuya ermita se encuentra próxima al pueblo, y el 25 de julio, en honor de Santiago. Estas segundas fiestas suelen ser más populares y están organizadas por los jóvenes. Además, hay otra ermita en el pueblo, la de Loreto.
El origen de las fiestas de Santiago se remonta a los tiempos de Jaime I. Nacieron el tercer sábado de junio de 1.267, merced que se hizo a unos criados para que disfrutaran de tiempo de ocio como premio por el agasajo que habían hecho al monarca.
Las fuentes de riqueza de Villarroya son las mismas que de las del resto de la comarca. Son tradicionales la agricultura y ganadería. Si acaso, hay que sumar la riqueza forestal, que siempre tuvo vital importancia. Muchas de las casas del pueblo fueron levantadas con los pinos que había allí mismo. La ganadería lanar figura en el primer puesto, aunque está resurgiendo el vacuno.
El turismo ofrece múltiples posibilidades. En el monte abundan la perdiz, el conejo, la liebre y el jabalí. También hay muchas codornices al arrimo del Guadalope. La pesca de la trucha ha sido otro de los incentivos y, en su momento, la temporada de los rebollones.
