El origen de la feria de Cedrillas, una de las más importantes del sector ganadero en España, viene motivada por la decisión de la mayoría de ganaderos de la provincia de Teruel que, año tras año, asistían con sus rebaños a la feria que se celebraba en la vecina localidad de Alcalá de la Selva.

El Ayuntamiento de Alcalá decidió gravar con un impuesto a cada res o animal que acudiese a su ferial. Esta medida sentó muy mal a los ganaderos que, en 1.891 y encabezados por Joaquín Julián Catalán de Ocón el "Señorito de Ródenas", deciden celebrar al año siguiente la feria en Cedrillas.

Joaquín Julián Catalán, el más prestigioso ganadero del momento y Presidente de la Junta Provincial de Ganaderos, sentenció su postura con la famosa frase: "En adelante, donde vayan mis hatajos allí estará la feria".

En el año 1.892, siendo alcalde de Cedrillas Luciano Redón, la localidad celebró su primera feria y se eligieron para ello los primeros días de octubre, a fin de que no coincidiese con las de otras localidades vecinas.

La primera feria de Cedrillas fue un rotundo éxito, tanto de participación ganadera como de público. La primera piedra ya estaba colocada, sólo faltaba encontrar la forma de conservarla y mejorarla.

En su segundo año de celebración (1.893), la feria tuvo todavía mayor éxito, doblándose el número de ganaderos y visitantes y aumentando considerablemente el número de las transacciones. Como anécdota, cabe citar que el Gobernador Civil del momento prohibió que durante la feria se jugara al "monte", juego de cartas popular en la época.

Pero el Ayuntamiento de Alcalá de la Selva solicitó la no celebración de la feria de Cedrillas por considerarla contraria a sus intereses y así se llegó a 1.984 en que el Ministro de la Gobernación prohibió, por Orden Ministerial, la feria de Cedrillas. La Junta de Ganaderos y los Ayuntamientos de Cedrillas y otras localidades próximas reaccionaron y, por mediación del diputado Tomás M. Ariño, consiguen revocar la citada orden y que, en 1.984, celebre Cedrillas la tercera edición de la feria. Sobre ella, dice un periódico de la época: "Las ferias de Cedrillas han superado este año cuanto pudiera esperarse... hubo abundancia extraordinaria en ganado. Tal fue la aglomeración de personas que los pueblos de El Pobo y Monteagudo con las masías, estaban llenos por no poder pernoctar en el pueblo por falta de albergues".

Durante los años 1.895 y 1.896 siguieron las protestas de Alcalá de la Selva y el Ministro de la Gobernación emitió otra Real Orden por la que se prohibía a Cedrillas celebrar su feria en las mismas fechas que lo hacía Alcalá. Los vecinos de Cedrillas y los ganaderos interesados encontraron una solución para celebrar la feria y no quebrantar la orden: acampar los ganados en terrenos particulares en lugar de hacerlo en terrenos comunales y, de esta forma, se celebró la feria con tanto éxito como en los años anteriores.

Pese a la prohibición existente y a los detractores del momento, Cedrillas celebró con éxito una nueva edición de la feria en 1.897 y, por fin, en 1.898, se legalizó la situación (aunque fuera en fechas posteriores a la celebración de la edición correspondiente a ese año). Acerca del resultado de esta sentencia, dice Pompeyo García, en el capítulo ocho de su publicación "La feria de Cedrillas en su primer centenario": "Con esta sentencia Cedrillas consigue marcar un hito trascendental en su historia. Primero, fue voluntad de los ganaderos a cuya cabeza iba Joaquín Julián Catalán de Ocón. Le secunda en su implantación el alcalde Luciano Redón. Luego, una vez creada hay que defenderla y aquí entra en juego otro alcalde: Adolfo Dolz... Unidos como una piña con los Ayuntamientos que rigieron aquellos primeros años, los vecinos no regatearon esfuerzo en colaborar y trabajar en todo para que la Feria de Cedrillas fuese un éxito, sin dejarse intimidar por las veladas amenazas de un cierto sector exterior. Unos, bien desde dentro del municipio, bien desde fuera, `tocando´ todas sus amistades, desplazándose incluso a los pueblos vecinos para atraérselos a su causa; otros, habilitando cuadras, establos, parideras, pajares y `pajeras´ que dieran cobijo a personas y animales y, sobresaliendo en su hospitalidad, honradez y buen trato hacia los forasteros, con cuya ejemplar conducta, no sólo se atrajeron a los ganaderos sino a compradores, comerciantes y simples visitantes y turistas que también los había, haciéndola crecer año tras año, superando pronto a la de Alcalá que ya era desde tiempo muy antiguo la mejor de Aragón, hasta convertirla en la segunda de España solamente superada por la de Albacete".

A partir de este momento, Cedrillas celebra, año tras año, su feria sin mayores anécdotas que algún pequeño incidente entre feriantes, visitantes y vecinos que llenaban de colorido y hacían más entretenidas las jornadas. Entre 1.915 y 1.920 se nombró "hijos adoptivos" de la localidad a los impulsores y defensores de la feria, quedando grabado el momento en una imagen que debe observarse con detenida atención.

De 1.906 a 1.935 es cuando la feria alcanza su mayoría de edad en participación y prestigio, convirtiéndose en la segunda de España. Durante este período, fue transcurriendo su celebración con suma normalidad e incluso con armonía, sin graves conflictos, solo con los incidentes propios de cualquier concentración de gentes. Algunos acontecimientos acaecidos en la época sí que marcaron, en cambio, el desarrollo de la feria y, entre ellos, cabe citar:

Después de 1.935 vino el obligado paréntesis de la guerra civil, reanudándose la feria en 1.939. En los primeros años, como es lógico, existía mucha demanda de ganado tras las pasadas penurias y poco dinero entre los compradores. Por el año 1.942 volvió a recuperar la feria su viejo prestigio y a darse cita en ella los grandes tratantes de toda España, aunque no es estuviera todavía a salvo de los rencores y escasez acaecidos.

Sobre el año cincuenta se produjo una recuperación definitiva que se mantuvo, en rango y categoría, hasta los años 60, bajando luego paulatinamente a medida que iban desapareciendo las bestias de arrastre y labranza e iban siendo sustituidas por la maquinaria de motor. De esta forma, la feria siguió subsistiendo, alimentada por su propio prestigio adaptándose a lo que demandan los tiempos actuales, hasta convertirse en feria y exposición, tanto de maquinaria agrícola como de ganados de carne. Además, el número de puestos de vendedores ambulantes (textil, juguetes, etc.) ha ido aumentando considerablemente con el paso de los años.

En 1.992, con el impulso del todavía alcalde Vicente Guillén, se inauguró un magnífico recinto ferial en el que se celebran los actos y exposiciones más representativas de la feria y donde, además, se reúne el pueblo a comer durante la celebración de las fiestas en honor a la Virgen del Pilar. Todavía se trabaja en acondicionar y mejorar sus alrededores.

NOTA.- En 1.992, con motivo de cumplirse el primer centenario de la feria de Cedrillas, Pompeyo García Sánchez publicó un libro titulado "La feria de Cedrillas en su primer centenario" que ha sido el que nos ha servido de guión para la elaboración de esta página, así como fuente para la obtención de algunas de las imágenes que la ilustran.

 

DICIEMBRE, 1.999

 

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