Esta historia mola ¡no te la pierdas!
Yo cambio, cambias...
P R Ó L O G O
        Había una vez, hace cientos de años, un castillo donde vivía el Doctor Científicus Mágicus Cambión, un inventor que se había quedado calvo por probar una poción en su cabeza, pero conservando un mechón rubio en el flequillo. Era chato, con la nariz llena de pecas, ojos azules, de estatura pequeña y con una ventaja sobre los demás: tenía el pulgar de la mano derecha más gordo que todos los otros porque lo usaba para remover sus pociones en el laboratorio.
        Era un hombre bondadoso, inteligente, generoso, pero un poco caprichoso: vivía solo y no dejaba entrar a la gente al castillo a ver lo que hacía. Su afición favorita era hacer pociones químicas que probaba con su perro Pechi, con su gallina Linda o con él mismo.
        Una noche, cuando nadie le veía, subió a su  laboratorio, oscuro y lleno de murciélagos y telarañas y empezó a inventar su poción: mezcló, en un caldero del tamaño de una piscina, 4 litros de sangre de lagarto, 10 litros de veneno de escorpión, 2 kilos de miel de abeja para darle buen sabor, 40 microchips machacados, con 2 litros de agua, en un mortero, 2 cucharadas de olor de mofeta y un poco de bicarbonato para evitar dolores de barriga. Removió muy bien la disolución química y la dejó una noche para que cogiera efecto.
       La noche siguiente cogió un poco de poción con un recipiente de cristal y le echó una pizca de sal. La tomó y entonces, de repente... ¡¡¡catapluuuuum!! se convirtió en una dulce niñita.
Ahora es el turno de tu imaginación 
Inventa  alguno de los capítulo que están  sin subrayar  y enviánoslo.
       Además de aparecer publicados para que todo el mundo se dé cuenta del pedazo de artista que estás hech@,  te enviaremos una sorpresita virtual.  Sólo tienes que fijarte muy bien en el dibujo del doctor y elegir la historia de la transformación de Científicus Cambión que más te guste.   (¡¡¡ Ah, y pon tú el título de tu capítulo !!!).
¡ Aquí va mi colaboración!

pica sobre el capítulo que quieras leer: Te recomiendo ¡TODOS!

Capítulo I.
La dulce niñita
Capítulo II. 
Un demonio
 poco diablo
Capítulo III. 
El payaso
Capítulo IV
LA PRINCESA
Capítulo V. 
El africano
Capítulo VI.
El astronauta
CapítuloVII. 
El hada
CapítuloVIII.
Papá Noel
en la ciudad en guerra
Capítulo IX.
El vampiro doctor
Capítulo X.
El hombre lobo que salvó a las personas mayores de la muerte
Capítulo XI.
El conejo
Capítulo XII
El roquero pacífico
Capítulo XIII
El muñeco de nieve
Capítulo XIV La rana

Capítulo XV 
La momia y su castillo
Capítulo XVI La maceta
CapítuloXVII
La vaca
Capítulo XVIII 
La gallina
Capítulo XIX
El gusano
Capítulo XX
El final de los cambios

¡ Si te has divertido cuéntaselo a tus amigos y amigas para que se diviertan también !
¡ cuéntaselo también a Raquel, la maestra de Robliza que lo ha iniciado !

¡ Un aplauso a l@s colaborador@s !

Capítulo I  L a   d u l c e   n i ñ i t a

Capítulo II: Un demonio un poco diablo

    La niña no se tomó el antídoto y se convirtió en  demonio y, como no le gustaba el agua, dejó el grifo abierto y puso el tapón a ver si así conseguía que se acabara todo el agua del mundo. Entonces, se inundó su guarida y comprendió que el agua no le hacía nada.
        Como se había quedado sin casa, empezó a viajar por muchos países y viajando se enteró de que muchas personas no tenían agua que beber. Le dio tanta pena que dejó de derrochar el agua y les dijo a las demás personas de su mismo país lo que sucedía en los otros, y que no debían derrotar el agua. Así lo hicieron y, con el dinero que ahorraron le construyeron pozos a
los niños que tenían sed.
        El demonio se sintió feliz porque, como sabéis, no era un demonio de verdad. Pero no siguió en esa forma mucho tiempo...
                                                                   (Miguel, 8 años, Robliza de Cojos)

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Capítulo III: El payaso

Capítulo IV:  L a  p r i n c e s a

        En una fría mañana de junio yo, el Doctor Científicus Cambión dejé de ser un payaso y ¡¡me convertí en princesa por culpa de la poción!! ¿Es que no se iban a acabar nunca sus efectos? Ahora era pelirroja y tenía los ojos azules y nariz respingona con pequitas ¡ah! y, sobre todo: era gordita y guapetona.
        Llevaba un gorro blanco, un vestido blanco y unos zapatos de cristal. Todo muy bien ¿verdad? ¡¡Pero tenía un problema!! y ese problema era que tenía pecho y no tenía pene ¡y no sabía salir de ese cuerpo!
       Yo no quería tener vulva, porque no sé cómo hacen las mujeres. Como soy científico, tuve una idea: cogí dos kilos de pimienta y un ojo de jabalí y me lo bebí, y entonces...
        Bueno, este cuento no se acaba aquí, sé que vosotros contaréis lo que pasó con el resto de los cambios ¿a que sí?
                                                                                  (Beatriz, 9 años, Robliza de Cojos)

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Capítulo  V:  (El africano)
Capítulo VI. (El astronauta)
Capítulo VII. (El hada)

Capítulo VIII. Papá Noel en la ciudad en guerra

        En Navidad, el hada se convirtió en... ¡Papá Noel, claro! Y fue a repartir regalos por las casas. Cuando acabó de dejar los regalos en aquel pueblo se fue a otros y llegó a uno que se llama Jerusalén. Y allí se encontró con la guerra. Se asustó al ver que había mucho jaleo, pero fue valiente y separó a los que se estaban peleando. Habló mucho tiempo con ellos y dejaron de pelearse para siempre.
        Como su misión se había cumplido, empezó a notar cambios otra vez y su forma iba dejando de ser la de Papá Noel...
                                                                               (Óscar, 9 años, Robliza de Cojos)

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Capítulo IX.   El vampiro doctor

      Papá Noel ya no era él: era un vampiro y estaba durmiendo. Un señor subió a la torre y dijo:
      - ¡Despierta, despierta!
        Entonces, el vampiro se enfadó y le chupó la sangre. La noche del día siguiente se le ocurrió una idea sobre los accidentados y esa idea era la de donar sangre para los que tienen accidentes. En una tienda vio unos colmillos especiales para conseguir su idea, pero no tenía lo suficiente para comprarlos, así que buscó un trabajo. Encontró un trabajo en el que tenía
que excavar y excavar.
        Pasado un tiempo aparecieron dos señores de la Hermandad de Donantes de Sangre y preguntaron:
        - ¿Hay alguien que done su sangre?
        Y el vampiro, que ya había conseguido lo que quería a base de trabajar, dijo:
        - ¡Sí, ése soy yo!
        Pero las aventuras de Científicus Cambión aquí no acaban, ja ja ja jaaaaaa...

                                                                               (Enrique, 9 años, Robliza de Cojos)

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Capítulo X. El hombre lobo que salvó a las personas mayores de la muerte

        De pronto, el vampiro se convirtió en hombre lobo: el hombre lobo Pepito. Era un señor  lleno de pelos de lobo; tenía cuatro patas y colmillos afilados y agudos. Comía todo lo que encontraba: personas, otras clases de lobos, pájaros que había en el suelo...
        Un día por la tarde, para merendar, se comió un pájaro y una oveja. Después se echó una siesta y, al despertar, allí mismo, en el bosque (porque hay gente que vive en el bosque) vio a un viejito que se estaba muriendo. Fue a ayudarle y a llamar a otras personas para que trajeran al médico y el viejito se salvó.
        Como al hombre lobo le daba mucha pena que se murieran los viejitos, inventó una máquina para convertirse en jóvenes como los padres y, así, cuando volvieran a hacerse viejitos, el hombre lobo los volvería a convertir en jóvenes para que no se
murieran nunca.
        Pero el científico no se quedó en lobo, siguió cambiando...

                                                                             (Víctor, 7 años- Robliza de Cojos)

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Capítulo XI. (El conejo)

Capítulo XIIEl roquero pacífico

        De pronto, el conejo, que era el científico, se convirtió en un roquero. Era de ojos marrones, pelo moreno, generoso, amable y guapo. Le gustaba cantar, pero lo que no le gustaba era que la ETA matara.
        Un martes de noviembre del 2001, el roquero inventó una canción en su casa, para que la ETA no matara, pero los de ETA seguían matando gente. Pero el roquero no se rindió y fue a cantarla donde los de la ETA habían matado a un señor. Dos personas de la ETA lo oyeron y les gustó y decidieron que no había que matar. Fueron donde estaban los demás de la ETA y se lo contaron y todos dejaron de matar a la gente para toda la vida.
        El roquero se puso muy feliz y siguió cantando, muchos más días, otras canciones, y los de la ETA iban a todos los conciertos porque les gustaban mucho esas canciones.
       Y aquí no acabaron los efectos de la poción que tomó el científico...

                                                                                   (Alejandro, 8 años- Robliza de Cojos)

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Capítulo XIII.  El muñeco de nieve
    Con la llegada del invierno, el científico se convirtió en nieve y unos niños hicieron con ella un muñeco procurando no pisarla mucho. Los padres que paseaban con sus hijos y sus hijas decían: ¡ahora el parque está más bonito!
    Pero los niños no le habían puesto bufanda, ni gorro, ni guantes. El muñeco de nieve  sólo tenía ojos, nariz y brazos.  Algunos de los que paseaban empezaron a ponerle ropa y el muñeco era feliz porque se sentía guapo y porque veía a los niños y a las niñas jugar alrededor de él al corro la patata.
    Al día siguiente salió el sol y el muñeco se puso triste porque sentía que se derretía.
    - ¿ Por qué lloras ? Le preguntó el viento
    - Lloro porque dentro de poco me convertiré en un charquito de agua, dijo él
Entonces el viento le dijo:
    - No llores, darás vida a las plantas y quitarás la sed de las personas.
Y el muñeco de nieve dejó de estar triste pensando en las palabras del viento. Y antes de que su última gota se evaporara tuvo aún otra alegría: un padre recogió del suelo su gorro, los guantes y la bufanda para que abrigaran a su hija de seis años hasta que él encontrara trabajo y pudiera comprarle unos nuevos.

                                                            Bárbara Moyano Sanz. Colegio Fuentelarreyna (Madrid)

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Capítulo XIV. (La rana)

Capítulo XV.   La momia y su castillo
        La rana, convertida en momia, vivía en un castillo con su nuevo amigo: un gato de color negro y blanco.
        Un día se fueron a dar una vuelta y se encontraron con el alcalde, que se creía el dueño de todo, y que le dijo a la momia:
    - Me tienes que dar el castillo.
    - ¡Ni hablar, porque no es tuyo!- respondió la momia.
    - Pero yo soy el que os arregló el pueblo y soy el que manda.- dijo el alcalde.
    - Pero es mío. Si quieres uno, cómpratelo.
        Y como la momia no dejó que el alcalde lo asustase, se quedó con el castillo. Mucha gente a la que el alcalde malísimo les había quitado sus casas vio que también podían hacer como la momia, y el alcalde no pudo volver a quitar nada y lo quitaron de alcalde.
       El científico no vivió mucho tiempo como momia. Aún le quedaban muchos cambios que dar...

Javier,  Robliza de Cojos
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Capítulo XVI. (La maceta)
Capítulo XVII. (La vaca)
Capítulo XVIII. La gallina

      El doctor Científicus Mágicus se inventó una pócima con una pluma, un huevo y una cresta de gallina. Mezcló todo con agua y lo probó convirtiéndose al momento en ¡Gallina!
     Esta gallina no era igual a las otras, tenía el pico redondo y sus patas eran de color verde. Cuando empezó a caminar, echaba unas gigantescas zancadas y hacía unos ruidos muy raros. Un día, la gallina fue a la calle, pero no se dió cuenta de que otras gallinas pasaban por allí ¡eran tan diferentes a ella! otro día fue al bosque y allí se quedó sola hasta que pasaron unos cazadores  y se volvió al  pueblo corriendo. mientras corría se convirtió nada más y nada menos que en gusano.
 
                                       Francisco Martín, 8 años (Sieteiglesias de Tormes, Salamanca)

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Capítulo XIX   El gusano

        La gallina, que era ese señor que se llamaba Científicus, se convirtió en un gusano. Era verde, tenía los ojos marrones, tenía cuatro pelos y tenía orejas ¡era muy raro!
       El gusano se puso a llorar porque era más listo que los otros, y los demás siempre le decían bobadas:
    - ¡Siempre dices mentiras!
    - ¡No! ¡Seréis vosotros los mentirosos!- decía el gusano.
        La madre del gusano castigó a los demás: hizo un agujero en la tierra y los encerró para que no pudieran salir.
        Luego los perdonó y los gusanos prometieron que no volverían a decir tonterías. Y todos fueron amigos desde ese día.

Rebeca, 8 años, Robliza de Cojos
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Capítulo XX.    El final de los cambios

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¡ Aquí va mi colaboración!
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